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domingo, 20 de septiembre de 2026

Cambio de indumentaria de la Virgen

Coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora de los Dolores se ha cambiado de indumentaria a Nuestra Sagrada Titular que viste para la ocasión manto liso y saya azul bordada en oro por Jesús Muñoz














martes, 3 de abril de 2018

75 Aniversario de la actual imagen de la Virgen

Este año celebramos los 75 años de la bendición de una imagen que vino a reemplazar, siete años después, a la que se perdió en 1936. De esa época disponemos de muy pocos datos. Las actas de la Hermandad se interrumpieron en 1918, no volviéndose a pasar hasta 1944 por lo que, de la llegada a nuestra localidad de la nueva imagen, el único documento que tenemos es una Hoja Parroquial, concretamente la del 11 de abril de 1943, en la que, con el singular lenguaje de entonces, podemos leer: 

“El día 10, por la tarde, da comienzo el solemne Septenario de la Virgen de los Dolores. La Cofradía de la Virgen quiere que este año se celebre con todo esplendor, y se ha hecho ya con una artística estatua de Nuestra Señora de los Dolores, que se bendecirá unos días antes.” (1). 

Desconocemos, por lo tanto, la fecha exacta de la bendición de la imagen, sólo que fue unos días antes del septenario que terminó el Viernes de Dolores, 16 de abril de 1943, y que tuvo lugar en la Capilla del Colegio de la Doctrina Cristiana, templo en el que radicaba entonces la Parroquia, ya que la de Santa María de la Encarnación estaba todavía en obras de reconstrucción, no volviéndose a abrir al culto hasta el 9 de agosto del año siguiente (2). Tampoco tenemos la certeza de si ese año se reanudó la Estación de Penitencia con la nueva imagen, figurando en la Hoja Parroquial del 18 de abril una escueta referencia que dice:

“Procesiones de Semana Santa. Esperamos en ellas gran concurso y mayor recogimiento y silencio del ferviente pueblo de Constantina. Las procesiones serán tres, y su horario exacto de salida el siguiente:
Procesión del Silencio de Nuestro Padre Jesús.- Sale de Santa Ana a las doce de la noche del Jueves Santo.
Procesión del Encuentro.- Sale el Viernes Santo, a las nueve de la mañana, también de Santa Ana.
Probable procesión de la Virgen de los Dolores, el Viernes por la noche” (3).
                
                Dos documentos, el contrato con el escultor que la hizo y una carta dirigida a la Hermandad por Manuel Álvarez Ávila, nos aportan el resto de los datos. El primero está firmado el 29 de septiembre de 1942 y en él se establece que:

“El Sr. Pineda Calderón, se compromete a ejecutar en madera una Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores para sustituir a la anterior titular de la Hermandad de dicho nombre establecida en la Ciudad de Constantina, donada por la virtuosa Sra. Doña Estrella Aparicio y Aparicio, en las siguientes condiciones.
PRIMERA.- Dicha Imagen será de tamaño natural, tallada en ciprés la cabeza, y en madera de flande, las manos y el candelero.
SEGUNDA.- El Sr. Pineda Calderón se compromete a entregar dicha escultura completamente terminada en el mes de Marzo del año mil novecientos cuarenta y tres.
TERCERA.- El precio de dicha escultura es de DOS MIL PESETAS.” (4)

                En el preámbulo de la carta, fechada el 25 de febrero de 1955, en la que Manuel Álvarez Ávila ofrece a la Hermana Mayor la Imagen del Cristo del Amor, que había encargado a su “expensa y con ayuda de muy pocos donativos” dice que:
“Por encargo expreso de una señora que ocultó su nombre, fui comisionado con amplias facultades para la ejecución de una imagen de los Dolores, dejando a mi elección el escultor que la había de confeccionar, poniendo por mi parte el mayor celo en la aportación de distintas fotografías al objeto de que fuese lo más parecida a la que anteriormente se veneraba y que fue destruida durante la dominación marxista” (5).

A pesar de ello, si bien la imagen actual tiene un cierto parecido con la anterior, presenta todas las características de las de Pineda Calderón. Un estilo propio y muy particular, que hace que todas ellas muestren un gran parecido entre sí. En este caso representa a una mujer adulta, aunque sin llegar a la edad que tenía la Virgen en esos momentos, de belleza serena, tez pálida, pómulos enrojecidos, nariz recta, boca cerrada y manos pequeñas con los dedos muy flexionados. Muestra un dolor contenido que apenas exterioriza por un leve fruncimiento del entrecejo y cuatro lágrimas, dos en cada mejilla, que surcan su rostro.

De la imagen primitiva se conserva un juego de manos, que presenta la particularidad de estar entrelazadas. Posiblemente sean las manos originales de la imagen, sustituidas, más tarde, por otras separadas. Por las fotos que han llegado hasta nosotros podemos deducir que esta imagen debió de realizarse en la segunda mitad del siglo XVIII. Sus formas suaves, el dolor contenido y sin estridencias, su belleza formal y delicadeza responde a la estética de los que González Gómez  llama “académicos”, escultores como Cristóbal Ramos o Blas Molner que combinan la tradición barroca con el rococó y la nueva corriente academicista (6).


Si bien se buscó, como vimos más arriba, que la imagen actual fuese “lo más parecida a la que anteriormente se veneraba”, hay notables diferencias entre ambas. Así, la primitiva presentaba una mayor inclinación de la cabeza hacia su derecha; su óvalo facial era más fino; su barbilla era muy parecida, pero no tenía, o no se aprecia en las fotografías, el hoyuelo que tiene la actual y sus cejas estaban más arqueadas, lo que producía un fruncimiento del entrecejo, que en la actual, al tenerlas muy rectas, es prácticamente inexistente. 



En sus 75 años de vida, la imagen de Pineda Calderón, ha mantenido el aspecto con el que salió del taller de su autor. La única restauración de la que tenemos constancia es la que le practicó Pedro Manzano el año 2006. La restauración estuvo destinada a subsanar el lógico deterioro producido por el paso del tiempo y a reparar los desperfectos causados con anterioridad por alguien que, sin los conocimientos necesarios, trató sin éxito de reponerle las lágrimas y las pestañas, repintando también el candelero, el cuerpo y los brazos. El resultado de estas intervenciones fue la existencia de una mancha de pegamento en la mejilla izquierda, consecuencia de haber tratado de pegar, varias veces, la lágrima que faltaba en este lugar. Sobrante de pegamento había también en el resto de las lágrimas y en las pestañas, que al ser  excesivamente largas, desnaturalizaban su mirada. Por otra parte, el dedo corazón de la mano izquierda estaba fracturado y mal pegado, con desplazamiento de los planos de unión, provocando un pequeño escalón y reboses de pegamento. Aparte de los resultados de estas intervenciones, que no sabemos cuándo se produjeron, al no haberse conservado ningún documento sobre las mismas, la imagen tenía agujeros en los pabellones auriculares para la colocación de pendientes, que no sabemos si utilizó alguna vez; pequeñas lagunas en la policromía, ocasionadas por el roce producido en algunos actos de culto, especialmente en los besamanos; y arañazos en las sienes, el cuello y las manos causados por los alfileres utilizados para vestirla. La restauración externa consistió en fijar la policromía, reintegrando las lagunas que presentaba, y en reponer lágrimas y pestañas.

Internamente presentaba unas patologías, comunes a todas las imágenes de una época en la que se trabajó con mucha premura para reponer, lo antes posible, las que se perdieron durante la II República y la Guerra Civil. Esto hizo que no se cuidaran algunos aspectos, especialmente los no visibles como el candelero y que, para unir los ensambles, se utilizara un número excesivo de clavos, en lugar de espigas de madera. A esto hay que añadir las lógicas consecuencias del paso del tiempo y de las intervenciones que mencionamos más arriba. El resultado fue que en el candelero, el cuerpo y los brazos había un repitente generalizado, sólo respetándose una pequeña ventana, en el lado izquierdo del pecho, donde está la firma del autor y la fecha: “Pineda Calderón 194?”, aunque el último digito del año está borrado por el empuje de un clavo en esa zona. Además también tenía varias grietas localizadas en el hombro derecho, el pecho y bajo la axila izquierda y holgura, por el uso, en las espigas que unían los brazos y las manos, utilizándose cinta aislante para afianzarlas y evitar su separación. La restauración interna consistió en ajustar y estabilizar los ensambles, consolidar y cerrar las fisuras, extraer los clavos metálicos detectados sustituyéndolos por espigas de madera, sustituir el candelero por uno nuevo en madera de cedro, sustituir los brazos por otros nuevos en madera de sapelli con un sistema de articulación de bola en lugar del de galleta que tenían los antiguos, sustituir las espigas de madera de sujeción de las manos a los brazos por un sistema de acero inoxidable y sustituir el perno de hierro clavado en la cabeza para la sujeción de la corona por un casquillo metálico y perno en acero inoxidable (7).


Con esta restauración se consiguió, por un lado, eliminar los pequeños desperfectos causados por el paso del tiempo en las partes visibles de la imagen y, por otro, consolidar su estructura interna, utilizando para ello los criterios actuales, que permiten una mejor conservación de la talla (eliminando clavos y evitando que el perno que sujeta la corona rosque directamente sobre la madera) y una mayor amplitud de movimientos (sustituyendo las articulaciones de galleta por las de bola) para facilitar algunas tareas, especialmente las del cambio de indumentaria. 

NOTAS
  1. Hoja Parroquial Diocesana. Constantina 11/04/1943
  2. H.P.D. 06/08/1944
  3. H.P.D. 18/04/1943
  4. Archivo Parroquial de Constantina. Legajo sin numerar en el que hay varios documentos, entre ellos, fotocopias de los contratos firmados por Pineda Calderón en los que se compromete a realizar las imágenes de la Virgen de los Dolores, la de la Esperanza, San Juan y el Cristo del Amor.
  5. Archivo Hermandad de los Dolores. Carpeta con documentos varios. Siglos XIX y XX.
  6. GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel: “Imágenes de las Cofradías sevillanas desde el Academicismo al Expresionismo Realista”. En Las Cofradías de Sevilla en el siglo de las crisis”. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla 1991. Pág.: 113.
  7. Archivo Hermandad de los Dolores. MANZANO BELTRÁN, Pedro E.: “Informe diagnóstico, propuesta de intervención y presupuesto de restauración de Nuestra Señora de los Dolores. Hermandad Servita de Ntra. Sra. de los Dolores. Constantina. Sevilla”. Sevilla 24 de abril de 2006.
Enrique Martín Ávila

lunes, 17 de abril de 2017

Un palio de Sevilla en Constantina



El artículo que viene a continuación ha sido publicado en el Boletín de la Hermandad correspondiente a la Semana Santa de 2017

Este año vamos a estrenar la restauración de las bambalinas antiguas del palio, trabajo realizado por el taller de “Bordados Salteras”. De esta forma se va a recuperar la estética que tenía el paso hasta 1995, cuando se estrena el techo de palio y las bambalinas realizadas por el taller de “Fernández y Enríquez” de Brenes. El motivo del cambio fue el mal estado del antiguo, con el soporte muy pasado y numerosos desgarrones, resultándole imposible, a la Junta de entonces, encontrar un taller de garantías que se hiciese cargo de la restauración, optándose por adquirir uno nuevo a uno de los talleres más destacados de entonces y en un material, la malla de oro, bastante más costoso que si se hubiera hecho en otro más convencional como el terciopelo. Se consiguió, de esta forma, mantener la particular estética que tenía este paso desde su adquisición en 1926, sin hacer una mera copia del palio antiguo. 

Este paso cuando llegó a Constantina debió de constituir una gran novedad, como ya lo fue en su día el manto adquirido en 1916. Manto que había sido bordado por Patrocinio López en 1868 pero que, cuando llegó a Constantina, era propiedad de los talleres de bordado de “Hijos de M. del Olmo”, que se encargaron de pasarlo del terciopelo azul original a uno negro. Un manto de estas características era desconocido en la Constantina de la época, hasta el punto que en el Cabildo General del año siguiente, celebrado el 28 de Marzo, la Hermana Mayor, dice que ha encargado “los barales de hierro que han de sostener el manto de la Stma. Virgen, sobre el paso de procesión, dado que en esta localidad, por no tener idea de cómo son estos aparatos, no es fácil hacerlo” (1). 

Los pasos de entonces debían ser de proporciones más reducidas que los actuales. De ellos tenemos muy pocos datos, sólo una fotografía publicada por la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, la descripción de los pasos de la Hermandad de la Soledad que encontramos en el inventario de 1857 y el paso de Nuestro Padre Jesús. La fotografía puede fecharse entre 1916, año de la adquisición del manto que fuera de la Virgen de la Concepción de la Hermandad del Silencio de Sevilla y 1926, cuando se adquiere el paso a la de Montesión. En ella se ve a la Virgen de los Dolores desaparecida en 1936, vestida con el manto y la saya que todavía lleva la imagen actual en la Estación de Penitencia del Viernes Santo y colocada en un paso ochavado, de un tamaño sensiblemente inferior al actual, muy sobrio en el exorno floral y en la candelería, con respiraderos de madera, un dosel sencillo formado por lengüetas terminadas en borlones y sostenido por ocho varales (Fotografía nº 1), muy similar al que utilizó la Virgen de la Amargura en 1953, en la primera salida procesional tras la Reorganización de la Hermandad (Fotografía nº 2). La Descripción de los pasos que encontramos en el Inventario de la Hermandad de la Soledad de 1857 es demasiado sucinta, sólo nos dice que la imagen del Yacente tenía unas andas en forma de sepulcro dorado con cristales, con cuatro ángeles de madera y once ramos de flores de platina y que el paso de la Virgen estaba compuesto por un cielo de terciopelo negro con estrellas de lata sostenido por ocho varales. Las caídas del cielo eran de terciopelo con fleco blanco de hilillo de plata y tenían ocho cordones con borlas de seda blanca y negra (2). El paso de Nuestro Padre Jesús, que realizó en 1877 Eduardo Robles Pardo, maestro dorador, era más pequeño que como lo vemos actualmente (3). Se amplió en 1949, “agrandándolo en 85 centímetros de largo por 30 de ancho, al objeto de poderle anexionar el Simón y que la Cruz baje al Calvario” (4). En la fotografía nº 3 podemos ver cómo era el paso antes de la ampliación.

 
Fotografía Nº 1

Fotografía Nº 2


Fotografía Nº 3

La adquisición del paso a la Hermandad de Montesión de Sevilla no está recogida en el Libro de Actas de la Hermandad de los Dolores, al no haberse pasado las del periodo que abarca de 1918 a 1944. Sin embargo encontramos dos anotaciones en el Libro de Cuentas, una de 2.000 ptas. de fecha 27 de Agosto de 1925: “Entregado por cta. un Paso (costó 4.000 ptas.) y tomado en Sevilla” y otra también de 2.000 ptas. de fecha 31 de Agosto del año siguiente: “F. Mira pago 2º plazo paso” (5). 

En los archivos de la Hermandad de Montesión encontraremos algunos datos más. En el acta del cabildo de oficiales celebrado el 10 de agosto de 1925 se aprueba la propuesta de "una Hermandad de Constantina" para adquirir "el paso viejo de la Virgen". Este acuerdo es ratificado en el Cabildo General de 9 de septiembre de ese año. Se compra el paso completo, incluida la parihuela, desglosándose la venta "a la Hermandad de la Virgen de los Dolores" de la siguiente forma:

  • Palio: 1.000 ptas.
  • Respiraderos: 500 ptas.
  • Varales: 650 ptas.
  • 84 candelabros: 1.250 ptas.
  • 6 jarras: 180 ptas.
  • Peana: 200 ptas.
  • Parihuela: 220 ptas.
                      TOTAL: 4.000 ptas. (6)

El palio es de tul con bordados en hojilla, siendo estrenado por la Hermandad de Sevilla en 1913. Fue el primer palio completamente de malla de la Semana Santa de Sevilla. Hasta entonces todos los palios eran de metal, tafetán, raso o terciopelo. La idea de realizar un palio de estas características fue del Hermano Mayor de entonces, José Lecaroz Barrera y la realización corrió a cargo del taller de Juan Bautista Gimeno. El proyecto fue aprobado en un Cabildo General celebrado el 14 de Diciembre de 1912 y “para que los curiosos no malograsen tan revolucionario estreno” la Capilla de Montesión permaneció cerrada hasta el mismo Jueves Santo (7). La malla ya había sido utilizada cinco años antes por Rodríguez Ojeda en el palio rojo de la Macarena, pero sólo en la parte inferior de las bambalinas. El de Montesión es completamente de malla y, por ser casi transparente, no tuvo en principio una aceptación unánime y, si bien recibió grandes elogios, también hubo quien entendía que por su poca opacidad, no cubría lo suficiente a la Virgen y no era litúrgicamente aceptable (8). Hubo también quien lo tachó de “irreverente”, al dejar a la Dolorosa expuesta a las inclemencias del inestable tiempo atmosférico (9) No obstante, pasado el tiempo, este tipo de palio fue adoptado por varias Hermandades. Siendo las primeras en utilizarlo las de Candelaria y las Aguas en 1922.

Juan Bautista Gimeno era de origen valenciano y tenía desde 1892 un establecimiento de ornamentos religiosos en la calle Tetuán nº 5. En este mismo lugar estaba también el taller de bordado, regentado por su esposa, Antonia de Riutort, que era también la que se encargaba del diseño de los bordados. Entre los trabajos salidos de este taller destacan el manto de la Virgen del Espino del Pedroso, el juego de insignias de la Hermandad de la Esperanza de Triana, especialmente el Simpecado y un palio de tul de oro para la Virgen de Montserrat que sólo utilizó en 1928. Este palio fue más polémico incluso que el de Montesión, provocando la dimisión de la Junta de Gobierno y el nombramiento de una gestora que se marcó como principal objetivo la restauración del palio antiguo, pasando el de tul a la Hermandad de San Esteban que lo utilizó hasta 1949 y después a Guadalcanal, a la Hermandad de las Tres Horas (10) que lo utilizó hasta la década de los ochenta.

La hermandad de Montesión tenía, antes del palio de malla, uno de terciopelo negro (Fotografía nº 4), estrenado en la Semana Santa de 1881 (11) y atribuido a Eloisa Ribera (12), la misma bordadora que tres años más tarde le haría un manto a esta misma hermandad (13) y en 1889 confeccionó las bambalinas y el manto de la Virgen de las Lágrimas de Marchena, piezas que tiene actualmente la de la Amargura de Constantina (14). El palio antiguo de Montesión fue modificado en 1895 por Juan Manuel Rodríguez Ojeda, añadiéndole una crestería, unas corbatas y un nuevo escudo (Fotografía Nº 5), pasando el antiguo a los faldones, pieza que se estrenó ese mismo año y que se completó con flores de varios tipos muy del gusto decimonónico. El palio se vendió en 1919 a la Hermandad de los Gitanos, encargándose el mismo Juan Manuel de adaptarlo al paso de la Virgen de las Angustias. Para ello le suprimió la crestería y le bordó el escudo de esta corporación, añadiéndole una corona real de gran tamaño. Mientras tanto las bambalinas pudieron utilizarse de sobrefaldones y así lo vemos en una postal de principios del siglo pasado (Fotografía Nº 6), en la que se aprecian los dos paños laterales de la antigua bambalina frontal colocados sobre los faldones y el escudo, que él mismo había bordado en 1895 para el palio de terciopelo, encima del bordado en las bambalinas de malla. Es posible que esto, como sostiene Amores Martínez, sólo fuera un montaje, realizado en el interior del templo para hacer la foto, y el paso nunca saliera así a la calle (15), aunque los sobrefaldones fue una pieza utilizada por algunas hermandades a principios de siglo, que con el tiempo dejó de utilizarse.

Fotografía Nº 4

Fotografía Nº 5

Fotografía Nº 6

En 1921 Rodríguez Ojeda bordó, en oro sobre malla, unos respiraderos similares a los que, varios años antes, había hecho para la Macarena, si bien los de Montesión son más rectilíneos, siendo los motivos: hojas de acanto, roleos y flores, mucho más estilizados que los que utilizó en los de la Esperanza. Todos los datos sobre la intervención de este insigne bordador los ha extraído Francisco Amores Martínez de un curioso expediente que se conserva en el Archivo del Arzobispado, motivado por el escrito de un grupo de señores que se presentan como antiguos hermanos de la Cofradía de Monte-Sión y en el que se quejan del estado de decadencia en el que, según ellos, se encontraba la Hermandad y de que se habían enajenado varios bienes, sin contar con la autorización del Cabildo de hermanos ni de la Autoridad Eclesiástica. Todo ello motivó la dimisión del Hermano Mayor de entonces, José Lecaroz, por motivos de delicadeza y alegando falta de tiempo para atender a la Hermandad como lo había venido haciendo hasta entonces, aunque recurrió la denuncia a título particular (16). 

En la Fotografía Nº 7 vemos como era el paso de Montesión entre 1921, cuando estrena los respiraderos de malla, y 1925, antes de venderlo a Constantina. La Nº 8 es de los años 40 y la única diferencia que hay con la anterior, aparte de la Virgen y su indumentaria, es que se han añadido unas maniguetas forradas de terciopelo. Se mantienen el palio; los faldones; la candelería, que posiblemente sea la que había estrenado en 1903, realizada por Cristóbal Ortega y donada por la Condesa de Valdeinfantas (17) y los varales, que en origen eran dorados y con los nudos plateados. Los varales y la candelería volvieron a salir en la Semana Santa de Sevilla en 1938. Ese año la Virgen del Rosario salió con un palio liso de tul de oro sostenido por los varales que le cedió la Hermandad de los Dolores de Constantina (18). En el “Libro de Mayordomía” de la Hermandad de Montesión consta que en Marzo de ese año se emplearon 160 pts. en el traslado a Sevilla del “varal palio y candelería” y en Agosto, otra de 98, por los “gastos de enviar a Constantina varal, candelería y otros efectos de la Cofradía” (19). En la Estación de Penitencia de ese año la Hermandad sevillana sólo utilizó los varales y la candelería. El palio liso lo confeccionó Guillermo Carrasquilla Rodríguez y lo utilizaron hasta que el Taller de Caro realizó el nuevo (20).

Fotografía Nº 7


Fotografía Nº 8

El paso actual difiere muy poco del que vemos en estas dos últimas fotografías, especialmente ahora que vamos a recuperar las bambalinas antiguas. Se mantienen también los faldones, los varales, 64 candeleros, las 6 jarras laterales y los candelabros de cola que, si bien no aparecen en la relación de los enseres vendidos por la hermandad de Montesión, no nos consta que se compraran otros. Las diferencias más importantes son el techo de palio, bordado en los talleres de Fernández y Enríquez de Brenes en 1995 y algunas piezas de orfebrería realizadas por Manuel de los Ríos: 14 candeleros nuevos, la restauración y el plateado de los antiguos, la pena y el moldurón con las maniguetas. 

NOTAS

1. MARTÍN AVILA, Enrique: “Origen y autor del manto de Nuestra Señora de los Dolores”. Boletín de la Hermandad Servita de Nuestra Señora de los Dolores. Nº 3. Constantina 2011. Págs.: 13-15.
2. ARCHIVO PARROQUIAL DE CONSTANTINA. Libro Nº 350. Libro de Acuerdos y Elecciones. Hermandad de la Soledad. (1.845-1895).
3. ARCHIVO HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESUS. Libro de Actas Hermandad de Nuestro Padre Jesús y Nuestra Señora Santa Ana (12 de Abril 1874 – 19 de Enero 1936). Copia del contrato con Eduardo Robles Pardo: 2 de septiembre 1877.
4. ARCHIVO HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESUS. Libro de Actas (1938-1974). Sesión del 22 de Diciembre de 1948.
5. ARCHIVO HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES DE CONSTANTINA. “Libro de Actas y Cuentas (1897-1985)”. Cuentas de 1925 y 1926
6. ARCHIVO DE LA HERMANDAD DE MONTESIÓN DE SEVILLA. “Libro de actas del 5 de Octubre de 1906 a 10 de marzo de 1934”. Los datos del Archivo de esta Hermandad han sido facilitados por Joaquín Ruiz Franco-Baux al que agradecemos su colaboración.
7. RUIZ FRANCO BAUX, Joaquín Víctor: “El primer palio de malla de la Semana Santa de Sevilla”. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 548. Sevilla Octubre 2004. Págs. 732-734. 
8. JIMENEZ SAMPEDRO, Rafael: “Un paso de palio pionero”. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 548. Sevilla Octubre 2004. Págs. 728-731. 
9. RUIZ FRANCO BAUX, Joaquín Víctor: “El primer palio…” 
10. IDEM
11. GÁMEZ MARTÍN: José: “Apuntes artísticos de la Hermandad de Monte-Sión en la segunda mitad del siglo XIX”. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 548. Sevilla Octubre 2004. Págs.: 741-743
12. CATTONI, Antonio: “Los nazarenos desconocidos”. Pasión en Sevilla. ABC de Sevilla S.L. Número 8. Sevilla Junio 2008. Págs.: 36-40
13. CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: “Anales de las Cofradías de Sevilla”. Editorial Castillejo. Sevilla 1991. Pág. 281 
14. LORA, Juan R.: “El paso de María Santísima de las Lágrimas a través del tiempo”. Boletín de la Archicofradía del Stmo. Sacramento y Real Hermandad de Nuestro padre Jesús Nazareno, María Stma. de las Lágrimas y San Juan Evangelista. Marchena 1.999. SP.
15. AMORES MARTÍNEZ, Francisco: “Juan Manuel Rodríguez Ojeda y el patrimonio artístico desaparecido de la Hermandad de Monte-Sión”. Boletín de las Cofradías de Sevilla. Nº 662. Abril 2014. Págs.: 274-278.
16. IDEM
17. JIMENEZ BARRERAS, Soledad: “La Hermandad de Monte-Sión en los inicios del siglo XX. Aspectos de sus salidas procesionales”. En Boletín de las Cofradías de Sevilla Nº 548. Sevilla Octubre de 2004, pág. 745
18. CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: “Anales de las Cofradías de Sevilla”. Editorial Castillejo. Sevilla 1991. Pág. 282.
19. ARCHIVO DE LA HERMANDAD DE MONTESIÓN DE SEVILLA. “Libro de actas del 5 de Octubre
20. CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: “Anales…”

Enrique Martín Ávila

miércoles, 12 de octubre de 2016

Orígenes de nuestra Hermandad


Este artículo fue publicado en el Boletín de la Hermandad en la Curesma de 2016 y aclara el origen de nuestra Hermandad, hasta ahora bastante confuso debido a que hubo dos hermandades con este nombre.

Orígenes de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores

                En un artículo publicado en la Hojita Parroquial de Constantina el 15 de Julio de 1915 bajo el título de “Constantina por la Santísima Virgen” el anónimo autor del mismo escribe que, en el templo de la Concepción “se constituyó en Febrero de 1746 una muy fervorosa Congregación religiosa de mujeres, la cual, como dice su primer artículo, tendrá a María Santísima por Abogada, Maestra y Patrona, con el título de la Concepción o del que fuese de su mayor devoción” y añade que “Así se pidió al señor Arzobispo de la Diócesis en solicitud firmada por todas las primeras socias y en la que expresamente se dice: que para honra y gloria de Dios Nuestro Señor y de la Reina de los Ángeles María Santísima, Nuestra Señora, tenemos voluntad de fundar una congregación y Escuela de María Santísima, con la advocación de su purísima Concepción…Por tanto suplicamos…licencia para practicar sus ejercicios en la Iglesia de la Concepción de dicha Villa, obligándonos a mantenerla con la debida decencia, para con esto excitar más la devoción de la Escuela y su perpetuidad y consuelo de las almas…En 7 de Febrero de 1746 fueron aprobadas las reglas que acompañaban a la precedente instancia, por el Provisor y Vicario General de la Diócesis D. Pedro Manuel de Céspedes”. También añade: “que según se lee en sus libros de actas y cuentas de esta Asociación, estuvo llamándose Nuestra Escuela de María en el misterio de su purísima Concepción, hasta 1790 en que por primera vez se leen estas palabras: en obsequio de su Santísima Madre María Santísima de los Dolores Nuestra Patrona y Maestra soberana…Después, al renovarse en 1824, encabezan sus escritos con el título de Santa Escuela de María Santísima de los Dolores, e igualmente en la segunda renovación el año 1865…En 1872 a más de estos cultos devotos y privados se comienza a celebrar, con solemnidad, el Setenario Doloroso y a llamarse en sus escritos, Hermandad de Ntra. Sra. De los Dolores”.
                Desgraciadamente no se conservan las Reglas ni los Libros de Actas a los que tuvo acceso el anónimo autor de este artículo. El primer documento que he encontrado de esta Asociación es un cuadernillo de cuentas que abarca de 1824 a 1836 y que comienza con un oficio fechado el 21 de Octubre de 1824 en el que el Visitador del Arzobispado dice que: “nos hallamos informado del abandono en que han estado los bienes y rentas pertenecientes a la Hermandad de Ntra. Sra. de la Concepción sita en la Ermita de dicho nombre en la Villa de Constantina y conviene destinar sujeto que en calidad de Mayordomo los administre; constándonos de las buenas prendas y cualidades de Don. Manuel Zambrano Pro. en dicha Villa, le nombramos por Mayordomo Administrador de los expresados bienes” (1).
Las cuentas comprenden dos períodos, el primero corresponde a la administración de D. Manuel Zambrano y abarca desde el 12 de Abril de 1824 “en que me eligió la Hermandad por Mayordomo” hasta el 18 de Julio de 1828 cuando “por haber fallecido mi hermano” las firma su heredero D. Juan de Dios Zambrano, que también se hará cargo de la administración de la Hermandad del 2 de Julio de 1828 al 2 de Mayo de 1836. Durante el primer período los ingresos son de 10.998 reales con 20 maravedís y los gastos 12.632 reales con 17 maravedís lo que supone una diferencia, alcance en el lenguaje de la época, de 1.633 reales con 31 maravedís a favor del Mayordomo. Sin embargo cuando en 1836 el Visitador del Arzobispado, D. Tomás Sánchez Larios, antes de aprobar las cuentas presentadas por D. Juan de Dios, pide que se revisen las de su antecesor “cuyas cuentas no constan aprobadas ni reconocidas por ningún censor”, el “contador” encargado de revisarlas, D. Gregorio de la Cruz Maroto, “habiendo encontrado en sus números algunas equivocaciones así en pro como en contra” presenta una liquidación en la que los errores a favor del Administrador son de 60 reales, mientras que los que van en su contra son de 1.315, lo que supone una diferencia de 1.255 que restados a la diferencia que había presentado a su favor, ésta queda reducida a sólo 378 reales con 31 maravedís, que la Hermandad debe abonar al heredero y nuevo Administrador de la misma, D. Juan de Dios Zambrano. Durante la administración de este último se observa un notable descenso tanto de los ingresos como de los gastos, teniendo en cuenta que el periodo que abarcan es casi el doble que en las anteriores. Los ingresos fueron de 13.358 reales con 28 maravedís y los gastos 13.633 reales con 30 maravedís, “según lo cual resultan de alcance contra la Ermita y en favor del Administrador” 275 reales con 2 maravedís, cuenta que, una vez examinada por el “contador”, el Visitador la “dio por buena y bien hecha”.  
En ambos períodos los ingresos proceden del arrendamiento de dos casas propiedad de la Hermandad y varios tributos con los que están grabadas varias casas y fincas rústicas (viñas y castañares). Los gastos corresponden al mantenimiento de las casas y de la Ermita, a la compra de cera, aceite para las lámparas y algunas alhajas, entre las que destacan los 800 reales que costó una “media luna de plata con María y estrellas doradas” o los 900 empleados en “las ráfagas y repisa” y a los derivados de la celebración de los cultos, los llamados “Derechos de Iglesia”. Entre ellos, durante la administración de D. Manuel Zambrano, encontramos estos dos apuntes: “Yt Al Colector de ssres. Beneficiados por siete misas cantadas a diez y ocho rs. cada una en quatro septenarios a Nra. Sra. de los Dolores quinientos quatro. Yt. A Predicadores de los quatro años quatrocientos veinte rs.”. Cantidades similares se emplean en los cultos dedicados a Nuestra Señora de la Concepción, concretamente 747 reales con 30 maravedís en las “quatro funciones a Nra. Sra. en su dia”, 40 reales por “derechos de clave y música” y 180 por “tres sermones”, en total sólo 40 reales más que los pagados por los cultos de la Virgen de los Dolores. En cambio, en las presentadas por D. Juan de Dios hay una notable diferencia entre ambos, pagándose en los ocho años que abarcan las citadas cuentas, 2677 reales en el “Septenario de Dolores que se hace a Ntra. Sra. de la Concepción cada año, en el tiempo de esta cuenta”, frente a los 5323 reales con 17 maravedís empleados en la “Octava que se hace a Ntra. Sra. de la Concepción cada año en el tpo de esta cuenta”.
Sin embargo, durante el tiempo en el que ambos administradores se ocuparon de las cuentas de la Ermita y la Hermandad, también hubo una asociación que dice regirse por las mismas Reglas que vimos más arriba tenía la Hermandad de la Concepción, y así consta en su Libro de Cuentas que abarca de 1828 a 1896: “Según el número 14 del capítulo 2º de las Reglas de la Escuela de Ntra. Sra. María Santísima aprobadas por el Sor. Provisor en 7 de Febrero de 1746, debe tener un libro la Hermana Depositaria, en el que se han de fijar todas las alhajas y demás enseres que tenga la Escuela y además la cuenta anual de entrada y salida que debe dar todos los años la Hermana depositaria a la Hermana Mayor y Consiliaria al terminar un año y aprobadas dichas cuentas las firmarán expresando tener su aprobación”. En este libro la entonces denominada “Escuela de Nuestra Señora María Santísima de los Dolores”, se abre con un inventario en el que, entre otras cosas, consta que son de su propiedad: La imagen de Ntra. Sra. María Stma. de los Dolores, que se venera en un altar de la Ermita de la Concepción; dos imágenes del Niño Jesús; un corazón de plata sobredorada y un cuchillo; un vestido completo de terciopelo negro; dos tocas blancas; una corona y una media luna de plata. Los datos que nos proporciona este libro constituyen la única información que disponemos de esta época al no conservarse el Libro de Actas, que debió existir, al menos desde 1868, ya que en las cuentas de 1872 puede leerse: “Por referencia al libro de actas no se hace expresión de los gastos e ingresos de esta Sta. Hermandad en los cuatro años transcurridos hasta la fecha”. En el primer periodo los ingresos superan a los gastos, quedando una cantidad en Depositaría que se suma a los ingresos del año siguiente. Estos proceden fundamentalmente de limosnas y lo recaudado los días que había escuela. Los ejercicios tenían lugar los tres primeros miércoles y el último viernes de cada mes excepto el de Octubre. El incremento de los gastos viene dado por la celebración de un septenario, del que nos consta que empieza a celebrarse a partir de 1866. En este año aparece la primera anotación a este respecto, concretamente una partida de 400 reales destinada a pagar a los “Sres. Curas” por los sermones del septenario. Estos cultos se celebraban en la Parroquia trasladando la Imagen de la Virgen, el Viernes de Dolores, desde su sede canónica, la Ermita de la Concepción, a la Iglesia Parroquial, aquellos años en los que se disponía de los recursos necesarios para efectuarlo, celebrándolo cuando no los había, en la misma Ermita. Sin embargo de la salida procesional del Viernes Santo se ocupaba la Hermandad de la Soledad, también residente en la Ermita de la Concepción. El inventario de 1828 se inicia haciendo constar que: “La Ymagen de ntra. Sa. María SSma de los Dolores qe se venera en un altar en la Hermita de ntra. Sa. De la Concepción, es propia de la Escuela, y jamás consentirá la Depositaria ni la Hermana Mayor en darla a los Hermanos de la Soledad para las cofradías de la semana santa, sin qe antes el Mayordomo les entregue un recibo, circunstanciado de cómo por fabor recive de ellas la Ymagen y qe concluidas las Cofradías, se la entregará, como la recibió”, acuerdo ratificado el 5 de Febrero de 1910 por ambas Corporaciones: “Que siendo Costumbre Tradicional el que la referida Imagen forma parte de las Procesiones de la Semana Santa, la Hermandad de Ntra. Señora de los Dolores se compromete solamente a respetar esa Costumbre, entregando la Imagen con el vestido apropiado, y colocada en el paso; exigiendo solamente un recibo, como garantía contra los desperfectos que no sean debidos a fuerza mayor” (2).
La Virgen de los Dolores hacía Estación de Penitencia el Viernes Santo, saliendo de la Ermita de la Concepción a las siete de la mañana para hacer la “Procesión del Encuentro” con Nuestro Padre Jesús Nazareno, imagen que, los hermanos de la Soledad, también pedían a la Hermandad residente en la Ermita de Santa Ana y así lo hacen constar en sus Libros de Actas:  “También queda a disposición de esa Hermandad el Paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno para la tradicional procesión del encuentro con la Virgen de los Dolores, en la mañana del Viernes Santo y con las formalidades acostumbradas” (3). A las ocho de la tarde del mismo día volvía a salir, en este caso junto con las imágenes del  Señor de la Peña, Santísima Cruz, Nuestra Señora de la Esperanza y el paso del Santo Entierro. “Al llegar las cofradías a la entrada de la calle Castelar, por la parte de Santa Ana, se unió la Hermandad de señoras, formándose la procesión de la Soledad, con el paso de Nuestra Señora de los Dolores, detrás del del Santo Entierro” (4).
El altar de la Virgen de los Dolores, según el inventario de 1885, estaba situado al fondo de la nave del Evangelio y estaba “formado por una urna que sobresale de la pared, toda dorada con dos pequeñas pilastras a los lados. Dicha urna está colocada sobre el plano del altar que es todo de madera”. De la Virgen nos dice que era “de candelero, muy buena escultura y en buen estado de conservación” (5). De esta Imagen se conservan un juego de manos y varias fotos. Por ellas podemos deducir que debió de realizarse a finales del siglo XVIII. Sus formas suaves, el dolor contenido y sin estridencias, su belleza formal y delicadeza responde a la estética de los llamados “académicos”, escultores como Cristóbal Ramos o Blas Molner que combinan la tradición barroca con el rococó y la nueva corriente academicista. El juego de manos presenta la particularidad de estar entrelazadas. Posiblemente sean las manos originales de la imagen, sustituidas, más tarde, por otras separadas.
En Constantina hubo otra Hermandad que también dio culto a Nuestra Señora de los Dolores. Estaba establecida en la Iglesia Parroquial y se regía por unas Reglas aprobadas el 18 de Abril de 1776 por el Provisor del Arzobispado D. Diego de Castro. Estas Reglas, de la denominada “Hermandad y Orden Tercero de Siervos de María Santísima de los Dolores”, eran las mismas que ya tenía aprobadas desde 1696 la Hermandad del mismo nombre establecida en la parroquia de San Marcos de la ciudad de Sevilla. Las de Constantina fueron presentadas en 1775 por el Presbítero D. Pedro Meléndez Sanguino, el cual también pagó  los 11.000 reales que costaron el retablo y la imagen de la Virgen que se colocó en la Parroquia el día primero de Enero de ese año (6).
Los Servitas son una orden seglar, integrada por laicos que quieren vivir el Evangelio según la Regla de la Orden. Tienen su origen en el siglo XIII, en  Florencia. En el documento más antiguo en la historia de la Orden, conocido como “Leyenda de los Orígenes” escrito en 1317, se fija como fecha del nacimiento de la misma el 15 de Agosto de 1233. Cuenta la legenda que dicha noche unos fieles se encontraban celebrando una vigilia de la Asunción de Nuestra Señora, cuando se les presentó la Santísima Virgen y les comunicó su deseo de que fundasen una Orden para venerar sus Dolores y estar al servicio de los más necesitados, para ello, les dio las reglas de San Agustín y el hábito negro que compadeciera su dolor.
En las Reglas de la Hermandad de Constantina se establece que pueden pertenecer a la Hermandad tanto hombres como mujeres de cualquier estado, sin que “haya número preciso ni limitado de hermanos”. El candidato no podrá ser “morisco ni mulato, ni de oficio vil, ni castigado por la Inquisición”. Una vez admitido se le impondrá el Escapulario y deberá pasar un año de noviciado, trascurrido el cual deberá hacer voto de “defender la Purísima Concepción de María Santísima”.
 En cuanto a los cultos, las Reglas establecen que todos los años, el día que la Iglesia celebra los Dolores de la Santísima Virgen “haga nuestra Hermandad y Orden una Fiesta con el Mayor Lucimiento, Culto y Adorno que sea posible… para dicho fin se dirá Misa Cantada este Día; estando patente el Santísimo Sacramento; y se buscará correspondiente Orador, Ordenamos también que aviendo posible se haga a la tarde una Procesión, para que gane Indulgencia plenaria, que esta concedida para todos los que van en ella, o la siguen..,” según Bula dada en Roma por el Papa Urbano VIII el 23 de Febrero de 1639. También se establece que se  cante una misa y se haga una fiesta el día 23 de Agosto a Nuestro patrón S. Felipe Benicio, que todos los viernes del año se rece la Corona Dolorosa y que al menos una vez al año se visiten los enfermos de uno de los Hospitales de esta ciudad y se les de “Pasto espiritual, llevando para ello Predicador, que lo execute”. 
En la Parroquia, el altar de la Virgen de los Dolores, estaba situado en la nave de la Epístola, entre la Capilla del Sagrario y el cancel de la puerta que da a Llano del Sol. Tanto el altar como la imagen de la Virgen están perfectamente descritos en el inventario de 1924: “es pequeño, dorado y tallado. En la urna está colocada la Virgen, con una cintalera postiza. Esta imagen de candelero, asemeja estar de rodillas. Tiene manto bordado en plata y en Semana Santa otro bordado en oro, regalo de su camarera doña Josefa Sánchez Arjona, de González. A un lado y otro están dos pequeñas imágenes de San José y San Expedito” (7).
La Hermandad actual es la que tuvo su origen en la Ermita de la Concepción. Aquí permaneció hasta que se cerró al culto en 1936, pasando a ocupar, cuando se reconstruyó la Iglesia Parroquial, el mismo lugar en el que estuvo la Hermandad Servita. Esto, y que ambas corporaciones tenían la misma advocación mariana, ha llevado a la confusión de considerarlas una sola cuando, en realidad, se trata de dos hermandades diferentes.
NOTAS
1.       Archivo Parroquial de Constantina. Legajo Nº: 72
2.       Archivo Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de Constantina. “Libro de Cuentas y haber de la Escuela de nuestra Señora Maria SSma. De los Dolores”. Depositaria. Año de 1828. S.P.
3.       Archivo Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Libro de Actas Hermandad de Nuestro Padre Jesús y Nuestra Señora Santa Ana (12 de Abril 1874 – 19 de Enero 1936). Oficio de la Hermandad del Santo Entierro y Soledad fechado el 19 de Marzo de 1926 y recogido en el referido Libro de Actas en sesión celebrada el 28 de Marzo. Peticiones similares se recogen en las sesiones de los días: 18 de marzo de 1923, 27 de Marzo 1927 y 19 de Marzo 1929.
4.       DIARIO "LA UNION". Sevilla 14-IV-1.925.
  1. Archivo Parroquial de Constantina. Legajo nº: 61. Inventario de la Ermita de la Concepción (1.885).
6.       Archivo Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de Constantina: “Reglas de la Hermandad y Orden Tercero de Siervos de María Santísima de los Dolores de Constantina”. 1776
7.       Archivo Parroquial de Constantina. Legajo Nº: 61. Inventario de la Parroquia de Santa María de la Encarnación. 1924.

Enrique Martín Ávila



domingo, 3 de enero de 2016

Álbum antiguo


Hoja de la Revista Constantina Feria y Fiestas de 1929 dedicada a la Virgen de los Dolores

viernes, 1 de enero de 2016

Álbum Antiguo



Imagen de la Virgen de los Dolores desaparecida en 1936. Por su aspecto creo que debió de realizarse a finales del siglo XVIII. Sus formas suaves, el dolor contenido y sin estridencias, su belleza formal y delicadeza responde a la estética de los llamados “académicos”, escultores como Cristóbal Ramos o Blas Molner que combinan la tradición barroca con el rococó y la nueva corriente academicista.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Álbum antiguo


Inauguramos esta sección con una fotografía publicada por la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla que puede fecharse entre 1916, cuando se compra el manto que fuera de la Virgen de la Concepción de la Hermandad del Silencio de Sevilla y 1926, año en el que se adquiere el paso a la de Montesión. Aquí se ve a la Virgen de los Dolores desaparecida en 36, vestida con el manto y la saya que todavía lleva la imagen actual en la Estación de Penitencia del Viernes Santo y colocada en el paso que tenía antes de 1926. El manto había sido bordado por Patrocinio López en 1868 pero, cuando llega a Constantina era propiedad de los talleres de bordado de “Hijos de M. del Olmo”, que se encargaron de pasarlo del terciopelo azul original a uno negro. En la operación también se incluyó el pasado de la saya vieja de la Virgen y un cíngulo nuevo. Por otra parte, el paso que tenía antes de 1926, como se aprecia en la foto, era ochavado, de proporciones más reducidas que los actuales, muy sobrio en el exorno floral y en la candelería, tenía respiraderos de madera y un dosel sencillo formado por lengüetas terminadas en borlones.